sábado, 22 de mayo de 2010

La lluvia y la paja



Quiero partir atendiendo a la solicitud que me hacen varios lectores de este humilde Blog. Muchos han considerado que una de las cosas que hacen (o que hacían) de este blog un lugar entretenido es que los comentarios que escribo rallan en lo que han denominado “pasajes reales de una vida normal”, es decir; varios ilustres han considerado mis comentarios y los ha asimilado a su vida personal, terminando la lectura con la sensación de que en parte represento esos sentimientos oscuros que habitan en el inconciente individual. Es por eso que me han solicitado que no deje de escribir y mantenga el blog lo mas actualizado posible.

Como segundo acto quiero comentar brevemente cual fue el motivo que me alejo de este blog casi 10 días, la razón es una mala mezcla de frío, canciones mamonas y melancolía post precipitación otoñal, la que activan la capacidad creativa pero que se ve limitada por la inconmensurable paja que implica el tener que plasmar en líneas el revoltijo de ideas que genera la condición climática actual. Porque si hay algo que nos limita como hombres es que podemos tener una intencionalidad a prueba de balas pero somos finalmente victimas de la que considero la peor pandemia de los tiempos actuales como lo es la “melancolía compulsiva obstructiva”.

Este desgano por la escritura me hizo detenerme a mirar y a analizar cual es la sintomatología de la melancolía compulsiva descubriendo que se caracteriza principalmente por este cuadro de “pajeritis obstructiva” si señores!, obstructiva porque se te obstruye el deseo de escribir, comer, y hacer todas las cosas como cualquier hijo de vecino normal haría. Después viene un deseo voluntario de guardar reposo en los lugares mas privados de la casa, y finalmente te auto recetas el cese de contacto físico con cualquier espécimen de la raza humana por cuanto este te puede sacar de tu estado aletargado. Finalmente como ultimo síntoma podemos apreciar el deseo absurdo de torturarte e infringirte dolor sentimental a la base de escuchar repetitivamente los temas musicales que sabes de sobra te van a hacer retorcerte por el alto valor sentimental que conllevan, este es el mejor ejemplo de que la medicina muchas veces es peor que la enfermedad.

Los hombres somos seres sensibles, más de lo que la sociedad, la cultura y la tradición han tratado de imponerle al género que orina de pie y del cual soy representante. Así que el llanto, los detalles y el ambiente que se forma a raíz de esta sensibilidad no es patrimonio femenino, en lo absoluto, también los hombres padecemos cuando la alineación de planetas, los fenómenos climáticos o el celibato forzoso, nos hace concertarnos con nuestros propios sentimientos. El problema es que no lo exteriorizamos, no vamos a contárselo a nuestro mejor amigo de buenas a primeras, de hecho esta etapa de confesiones voluntarias llega depuse del cuarto o quinto pitcher cervecero. Al contrario lo retraimos, lo ocultamos, lo condenamos y hasta lo ignoramos dependiendo de cuan grave consideremos es la melancolía. Las mujeres en cambio lo publican en su Factbook, lo cuentan la amiga que se encarga de esparcir el secreto como si fuese un bando oficial, porque lo que si es patrimonio femenino, es el de exteriorizar sin que después te miren feo. Los hombres lamentablemente no contamos con esa sutil ventaja y vivimos la procesión por dentro.

Así que la próxima vez que vean a un hombre con desgano, no le pregunten que tiene lo mas probable es que padezca de esta enfermedad, y si lo ven saltando en una pata después del día de lluvia solamente es porque o lo oculta muy bien o francamente ¡esta cagado del chape!

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